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jueves, 3 de julio de 2008

Aventura del Martes-Miércoles 24-25

Licencia II
Los mil y un intentos

He aquí la esperada continuación de "Licencia".

Capítulo V: Martes

Como era de esperarse, no pude dormir bien tampoco este día, como hacía dos martes seguidos (En los cuales di el examen mal en uno y en el otro ni me presenté). Nos teníamos que despertar todos juntos para ir a buscar a mi prima a su escuela para, de ahí, seguir viaje hacia la Tierra del Registro.
La marcha fue normal, estaba lúcido, algo
cansado, pero lúcido. Llegamos y mi mamá no tuvo mejor idea que decirme de practicar... Cegado por la emoción, acepté. Intento uno, intento dos, intento fallido. Esto ayudaba a crecer mi nerviosismo latente, como en el momento que mi mamá no me quería dejar practicar por miedo que le dijera algo la policía (Lo cual pudimos sortear utilizando una mentira blanca de mi tía a mi mamá). Cansado y nervioso, me encontré con los mismos sujetos que la otra vez. Era raro... No porque yo estuviera ahí, sino porque ellos... Era como si mi mente hubiese relacionado que en 2 semanas ya no debían trabajar ahí, o que se rotaban... Por lo visto eran siempre los mismos, el mismo médico patova, el mismo negro inspector y el mismo sujeto de la chivita con buzo santiaguesco (No, no es santiagueño, es santiaguesco). Otra vez me subí al auto, recorrí los mismos metros que la primera vez, que el primer intento, sin embargo tenía una ventaja: mi tío me había dado unas clases vitales y mi confianza, así como mis conocimientos, habían crecido. Eso era sencillo... Hasta que me dijo "estacioná ahí".
Nervioso, traté fácil tres veces, las tres erróneas. Y de vuelta el mismo argumento "hay que practicar, etc, ¿Podés el jueves?" "No, mandan el auto a arreglar" (Una vedad) "Bueno, vení mañana".
Y, sin gloria pero sí con pena, me retiré.
Después con mi tía, prima y mamá fuimos a Morón, a pasear, y ahí me enamoré del pad de dibujo (Que hoy poseo).


Capítulo VI: Miércoles

Casi por voluntad unánime de Villa Udaondo, mi tío me iba a acompañar a rendir el examen. Si hay gente que sabe muchísimo y merece ser Doctor en manejo (más que licenciado), ese es mi tío. Me llevó, no encontramos el lugar fácilmente, pero lo logramos. Tranquilos, entramos y preguntamos cómo hacer (Bah, preguntó), aunque ya sabía el procedimiento. Esta vez era diferente, no sé si porque mi mamá no estaba, no sé si porque era mi tercera vez, o porque sí, el ámbito del lugar era más ameno, más tranquilo, más buena onda inclusive. Fue el día que más seguro me sentí.
Como me había prometido, no me tomó el manejo, sino el estacionamiento (El cual no había practicado, porque mi tío dice que me pondría nervioso eso). Intento 1: fallido, para mi sorpresa no es el inspector quien me corrije ni quien me dice que está mal, sino que es mi tío que, de alguna manera implícita, había pasado a ser él quien me tomaba el examen.
Luego de 5 intentos mal y con un récord de 50% de éxito, y muchísimas indicaciones de mi Tío, ese examen-clase fue exitoso.
Feliz, me dirigí a esperar recibir el registro.

Era increíble, ya lo iba a tener. Ya era mío, ya es mío.
Sin embargo, la burocracia siempre aparece para decirte "No tan rápido"... Una (graciosa) señora me dijo "Así que es tu tercera vez... Decime por donde andás así no ando por ahí", con una risa que parecía carecer de falsedad (Pero estaba hecha por hectolitros de la misma) procedí a callarme y a buscar lo que me había encomendado: mi foto entre cientas.
No sé si era joda, pero mi tío encontró una que no se parecía a mí en lo más mínimo, le dije "no" y la dejó, y más adelante la mina esta hizo lo mismo... Vale aclarar que tenía el pelo largo ese simil (Como yo lo tenía en el momento de la foto)... Y la encontré.
Segundos más tarde, luego de ser plastificada, se encontraba en mis manos... Sí... Mi preciosa...



Y ahora, a practicar andando en calles.
No falta mucho para que esta arma de seducción y poder (O sea, yo) maneje un auto por las calles, yendo y viniendo (Cabe destacar que ya maneje Ituzaingó-Nuñez más de una vez).

=)

FiN
(POR AHORA...)

lunes, 23 de junio de 2008

Día de grabación

Trabajo de Cinematografía: Capítulo 1: Cabildo


Si bien este fue un acontecimiento de hace un tiempo, de bastante tiempo, atrás, me parece agradable la idea de recordarlo. Todo comenzó un sábado, 3 de Mayo. Nos juntábamos cerca de un lugar llamado "Plaza Carmen" y, como era de esperarse, yo llegaba tarde. Apresurado como iba, tuve que recorrer a un remisero porque con la cámara no iba a andar dando vueltas gritando "acá está, acá está". Para mi desgracia, el conductor era de los que emitían más palabras que cualquier ser humano normal, en las cuales se podía encontrar un insulto cada cinco palabras; vueltas aquí, vueltas allá, sentía que estaba haciendo muchas vueltas y muchas estúpideces, cosa que me subía los nervios, porque me estaba retrasando... Gracias a Dios, pude llegar en una sola pieza, y encontrarme con mis compañeros del grupo presentes en esa ocasión: Demian, Santiago, Julián, Gabriel y su novia, Melanie. Conmigo se completaba el ya anunciado plantel, así que procedimos con lo planeado y nos dirigimos al cine. Ahí la primer escena fue graba, con simpleza se podría decir, con bloopers y con gente que se cruzaba; ahí ya era evidente el nerviosismo de Demian que no se conformaba con estar de esa forma, sino que procuraba contagiarnos su condición. La segunda toma hecha marchaba bien, muy bien, hasta que una voz salió en el video, aunque ese hecho quedó olvidado cuando unas señoras pasaron y miraron a la cámara, arruinándonos la toma que podría haber sido la envidia de Spielberg. ¿Después? Otro gran dilema: encontrar un bar, un café, lo que sea, para hacer la segunda importante parte. El asunto no parecía complejo, es más, me confiaba de que era simple, pero me había olvidado de dos factores, la exquisitez del director Demian y la poca capacidad de prestar un lugar de la gente. Igualmente, de los que pasamos sólo recuerdo dos con gran fuerza, pero distinta fuerza. El primero, fue un pequeño bar, el cual estaba vacío, a excepción de dos personitas; era el típico café viejo, digno de un club de segunda. El dueño, o quien simulaba serlo, nos prohibió la entrada, no nos dejó filmar, bajo la excusa de "Ya vienen muchos a pedirme y encima les voy a tener que cobrar"... En nuestra intención, la cual le aclaramos, estaba comprar comida en ese lugar, pero parece que al Sr. Bar Famoso no captó el asunto, y nos fuimos, con una bronca que con emergía violentamente de nuestras entrañas. Fue entonces que el director propuso el segundo lugar, el lugar salvador. Un bar copado, de luces ténues y ambiente agradable; luego de pedir permiso, el cual fue aceptado con gran felicidad, empezamos a grabar. Más de un auto tapó la escena exterior, pero no se fueron sin un souvenir, un insulto de Julián. Completado afuera, seguimos adentro. Con buena onda, una camarera se prestó a ayudarnos y a compartir cámara con Gabriel y Melanie, la flamante pareja Mokaldi de Mayo. Escenas más, escenas menos, cucharitas en tazas, besos locos, logramos terminar; y ahí vino lo mejor: el ágape. Esa pequeña fiesta fue memorable para todos, cerveza iba y venía, comida de raros colores y bailes exóticos provenientes de mis compañeros. Lo que más hubo en esa mesa, fueron risas, risas de haber cerrado una etapa, la primera etapa de grabación...
Luego de ida la pareja, fuimos al Daytona, del cual abusamos y nos divertimos mucho, para después dirigirnos a mi casa, a mi antigua casa, caminando kms de más.
Pero no cerramos la historia, la cual conti
nuará más adelante.




Cita memorable:
"Yo no sé para qué vine, si no hice nada, y encima ligo esto gratis" Santiago Jesús Moreno, promedio 10 en Cinematografía.




La pelea por la comida...
Santiago vs. Gabriel GABRIEL WINS

martes, 10 de junio de 2008

Aventura del Martes 10

Licencia
Mil horas de angustia y espera

Hoy, Martes 10 de Junio, está siendo un día larguísimo para mí. ¿Por qué? Porque hoy fui a sacar la licencia de conducir, sí, luego de 6 meses insufribles de espera que por una u otra trivialidad no podía rendir el examen; entre el asunto de la emancipación (Por la tardanza de la charla de mi mamá hacia mi papá), la mudanza, las vacaciones, todo...
La verdad, fue una experiencia realmente emocionante, linda aunque burocrática.
Sortié muchas pruebas, horas de espera, y el famoso de aquí para allá...


Todo comenzó, para darle un buen comienzo, ayer a la noche...

Capítulo I: Sueño


Era cerca de la una de la mañana cuando decidí irme a dormir, pero entre tramoya más y tramoya menos, terminé acostándome cerca de la una y media, con muchos nervios porque a las 8:30 creía que debía estar saliendo hacia el municipio...
Vuelta aquí, vuelta allá, los párpados no se cerraban, costaba mucho, demasiado. Parecía que esas tres letritas, esas tres Zs, huyeran de mí, como si el hecho de que tuviera que estar descansado para dar el examen no existiese.
Fue entonces que dije... "Mah sí" y prendí la tele. Enganché una película realmente estúpida, la cual me consumió bastante tiempo y ni siquiera terminé de ver, porque me cansé. ¿Qué podía hacer? Lo más obvio: tratar de dormir. Junté mis párpados, y al poco rato, o al menos eso creo yo, escucho un "pi-pip" de un reloj, que me indicaba algo que temía... ¡Eran las 3!.
Sin embargo, luego de eso, sólo recuerdo vueltas, vueltas y más vueltas, aparte de algo de frío en la cara.
En un momento, entorné mis ojos y pude ver luz, mucha luz, una que no es típica de horas matutinas, a eso le respondí con prender la tele y corroborar mis s
ospechas... ¡Eran las 8:30!
Sorprendido por el silencio en el hogar, fui hasta la pieza de mi mamá y comprobé que estaba despierta, tranquila, desayunando.
- ¡¿No teníamos que salir 8:30?!- Le dije.
- No, 9:20 salíamos.
Con una mueca de cierta alegría, procedí a acostarme de vuelta, para prender la tele y ver dos programitas... Y después cambiarme.
Pero eso, ya es otro capítulo de este Martes 10 de Junio.

Capítulo II: El trámite se hace pesadilla

Inicié el susodicho trámite, luego de llegar mediante un viaje en el cual dejamos a mi prima en su escuela; digo "inicié" porque fui yo el que tuvo que estar ahí obligatoriamente, mi mamá y mi tía se quedaron para acompañarme. Tuve que marcar con una cruz todos los "no" de un ""examen"" físico y psíquico, para luego completar datos y comerme unos larguitos minutos de espera hacia el examen "físico" (El cual, se puede reemplazar por "Examen visual", ni siquiera te hacen nada físico, sólo cómo ves). Psíquico no tuve que hacer, y ahí tuve mucha suerte, no sólo por el tiempo que hubiese perdido de tener que hacerlo, sino también por lo que podría haber sucedido... Quizás ni me lo daban, ya saben cómo es el tema de mi locura.
Luego de eso, tuve que esperar a que cientos y cientos de segundos se acumulen para poder pagar el trámite; creyendo que así daba por cerrada una etapa. Pagado, me mandaron a sacar la foto, simple y rápido, pero el tiempo suficiente para notar que el fotógrafo del lugar se había tomado el lujo de fotografiarse con el Indio Solari, residente de Parque Leloir.
Me faltaba hacerme otro examen, el del Factor Sanguíneo... Así que, con la esperanza ilusa de ser llamado rápido, apoyé mis nalgas en un asiento...
Pasaba y pasaba el tiempo, hasta que decidí, imponente, ir a preguntar qué sucedía... No antes de ver algo: ver que a una persona que le hicieron el físico antes que yo estaba recibiendo un papel alargado, el cual estaba muy seguro que era la licencia sin plastificar ni juntar... Eso me había dado mucha energía para seguir, porque creía que lo tendría en el acto. En ese momento, escucho un fuerte "Leoni", vociferado por el Doctor del lugar, el que me extrajo algo de sangre para hacerme el ya mencionado análisis de factor. ¿Resultado? Nada nuevo, ya sabía que era A positivo.
Y luego, otra larga espera... Que dio pie a otro capítulo... El examen.

Capítulo III: El examen (1)

El esperado momento había llegado, un sujeto de tez oscura (Realmente oscura), de cabeza rapada y voz extraña (Que me hacía sospechar su argentinidad), portador de anteojos, me llamó por el nombre y me estrechó la mano, indicándome a dónde debía pasar. Asientos como los indicados en la imagen (No iguales, sino del estilo) eran los que, en estrechas filas, formaban el lugar donde se realizaba el examen teórico. Confiado como me encontraba, creía que nada me iba a detener, hasta que vi las preguntas... Dolorosamente desconocidas eran las respuestas; sólo pude armarme de una combinación peligrosa: la poca información y el chamuyo. Sin embargo, traté de apelar a otra técnica, la cual la gente denomina "copiarse", pero yo prefiero llamarla "adapatar la ideología, respuestas y conocimientos de quien te linda, a un lenguaje propio". Una chica bastante linda, la cual creía que rondaba mi edad, o la superaba. Sin embargo, ella poseía otra técnica, un Firewall, o, en este caso, un Hairwall, (Pared de pelos) la cual me impedía ver lo que escribía.
Estuve un buen rato tratando de robarle una respuesta, hasta que vi que dio vuelta la hoja, para seguir con la parte de atrás, y ahí tuve que valerme de mi facundidad (locuacidad... en otras palabras, chamuyo).
Inesperadamente mi sufrimiento fue cortado por unas mágicas palabras, pronunciadas en un tono bajo, para que no sean escuchadas por quien tomaba el teórico, el cual se encontraba ocupado haciéndole preguntas orales a alguien (A quien bochó); esas palabras fueron: "Shh, Che ¿Qué te falta? ¿En qué te quedaste?".
Ahí aproveché, y pude completar mucho, muchísimo con la ayuda de esta chica, que no sólo me pasaba las preguntas, sino que me las corregía y me contó qué tomaba después, en el oral, ya que ella había sido bochada una vez. Me comentó sobre su situación con respecto al registro, y blablarerías más, blablarerías menos, me confié y ni el nombre le pregunté, dejando pasar el tiempo. Un ángel, prácticamente.
Entonces, pasa ella, y aprueba. Cada segundo que pasaba, sentía como los jugos gástricos, ácidos por naturaleza, atacaban la pared de mi estómago al grito de "ESTÁS NERVIOSO".
Dolido, pasé yo. Ese fue el momento de mayor nervios de todo, todo el día. Preguntas más, preguntas menos, luego de unos largos y dolorosos minutos, pude aprobar.

Capítulo III: El examen (2)

El que corregía llamó a mi mamá para pedirle los papeles correspondientes, y luego de una charla de artículos 67s incisos cs, que poco me importaba, me dieron el permiso de dar el práctico.
Estaba tranquilo, demasiado tranquilo. No sé si lo estaba como quien está arriba del último tren a Londres, o como quien lo perdió, que se encontraba negado por su situación.
Sin embargo, sé que algo feliz estaba por lo que me había pasado, por aprobar el teórico gracias a esta chica registrosa (La cual constaba de unos disimulados 17 años, los cuales no aparentaba, positivamente).
Subí al auto, a mí auto, junto al inspector que vestía un buzo muy similar al Moreno Security System (Léase, el buzo de policía que tiene Santiago), teniendo una gran desgracia... El espacio entre los dos autos que encerraban al mío era mínima, inferor a los 60 reglamentarios cm. Maniobrar me costó demasiado, muchísimo, sin embargo pude salir casi sin tocar el auto de adelante. Creía que todo marchaba bien, chiste más, chiste menos, el ambiente no era tenso. Vueltita por aquí, vueltita por allá, di una amplia vuelta, en la cual me sentí el automovilista más groso del mundo, no por cómo manejaba, sino por manejar y estar a pocos minutos de poseer mi propia licencia... Frenaba bien, arrancaba bien, mucha felicidad.
Pero entonces, toda esa ilusión, esa credulidad, y esa habilidad para zafar se dieron contra la pared, o más explicitamente, contra la valla: tuve que estacionar el auto, algo que no pude hacer.
Sí, no pude estacionar el auto, y así como el auto no quedó donde debía, tampoco lo hice yo y mis sueños... Eso que estaba a sólo un paso de conseguir, se había ido...
Lo más doloroso, fue el "volvé en una semana", ahí fue cuando caí que había fallado mal. Inclusive cuando me decía "Mirá, necesitamos más práctica..." creí que iba a rematar con un final feliz con un "...así que práctica ahora que vas a tener el registro".
Fallé.

Sin embargo, acá estoy.
Esperando que sea martes, porque ahora no es que sé que voy a rendir bien, ahora VOY A RENDIR BIEN.
Para que este asunto de sacar el registro no sea más que una ilusión estival, y sea una realidad, algo tangible.

FiN
(POR AHORA...)